Llegó el viernes. Último día laborable de mi primera semana en Fráncort del Meno. En el trabajo seguí con mi querido Zelda, pero la cabeza la tenía ya puesta en la tarde. Estaba venga a pensar en que la bruja del hostal me tenía que devolver dinero, que luego iba a tener que hacer la mudanza con dos maletas y el portátil, que luego tenía que ir a mi nueva casa y que no hubiese ningún problema… cuántas cosas.
A las 12.10, como todos los días, bajamos a comer. Justo debajo de Nintendo hay un supermercado, un Rewe. Es gigantesco, tiene de todo, y encima da comidas de primer y segundo plato por 2-4€. Ahí estamos todos los días los de Nintendo comiendo (o almorzando).
Al subir del descanso, Basilio nos dijo que nos iba a asignar a nuestro primer proyecto. En realidad, íbamos a echar una mano a un proyecto ya en curso, en sus últimas fases. Se ve que era gigantesco y andaban un poco pillados.
De primeras, encantados, aunque a mí me dio un poco de pena dejar el Zelda. No obstante, espero poder retomarlo entre proyecto y proyecto.
Nos reunieron a los nuevos y nos explicaron un poco de qué iba el proyecto y qué teníamos que hacer. Nos repartieron las consolas, y a buscar bugs.
Fue una buena manera de acabar el viernes. Un pequeño acercamiento a lo que será mi trabajo de verdad.
Durante esta semana, he tenido muchas veces la sensación que tienes en casa cuando estás jugando mucho rato a algo y sabes que tienes que dejarlo. De repente pensaba: buah, llevo ya 4 horas, mejor hago otra cosa… Pero luego me daba cuenta de que ahora es lo que tengo que hacer. Es una sensación curiosa, la verdad. Me imagino que acabaré hartándome, pero aún queda mucho para eso.
A las 5 empezamos a recoger, y a las 5.17 yo ya me iba raudo y veloz a las fortalezas de Neu Isenburg. Llegué al hostal y cogí las maletas. Ya las tenía completamente hechas para no malgastar mi tiempo allí. Bajé todo a la planta baja, cogí aire, y llamé al timbre de Moria.
Salió la damisela toda engalanada y maquillada. La debí pillar justo antes de irse a una fiesta de inadaptados sociales. Me reconoció y me dijo “ahora te doy tu dinero”. A los pocos minutos salió con 40 euros (4 de menos, en teoría), le hice unas cuantas reverencias, le di la llave y me fui, sin darle nunca la espalda.
Allí acabó una gran etapa de mi vida. Y después de todo, con 40€ más de los que pensaba.
Esperé hasta el autobús que va a la estación de metro y taxi, y subí los maletones con esfuerzo. Ya en la estación, no me vi con fuerzas para andar con las maletas por los metros, y cogí un taxi. Cuando le dije la dirección, flipó un poquillo. Se ve que normalmente no salen de Neu Isenburg, pero como olió dinero, puso el Tom Tom y me llevó a la puerta de la casa.
Justo María estaba bajando la basura, así que me vio, y me acompañó hasta mi piso. Me lo volvió a enseñar, por si tenía memoria de pez; me dijo un par de truquillos para la calefacción, y se piró.
Me costó todavía unos minutos recobrar el aliento, porque subir los 3 pisos, incluidas las mini-escaleras del último con las dos maletas que llevaba, tiene mérito.
Una vez medio instalado, me fui a comprar cosas. Tenía una lista kilométrica (os podéis imaginar, un piso vacío…). Le pregunté a María dónde había un supermercado cerca. Me dio unas explicaciones en el dialecto español-arameo que habla, y fui a buscarlo.
No lo encontré. Eran ya las 9 de la noche y no había nadie por la calle, así que me fui a lo seguro, a lo que conocía: Hauptwache, el centro de Frankfurt.
Allí me metí en el primer supermercado que encontré, aunque ya había muy pocos abiertos a esas horas, y básicamente no miré la lista: compré todo lo que había. En la caja recordé que aquí nunca dan bolsas, hay que comprarlas o llevarlas de casa, así que me dejé un euro y pico en bolsas “Aldi”.
Me volví superfeliz a casa. Por primera vez en Frankfurt estaba hipercontento, de verdad. Subí al piso, hice unas fotos a las compras (que enseñaré), cené alguna mierdecilla que ya no recuerdo y me metí a dormir como un angelito.
Ahora mi dirección es:
Röderbergweg, 172, 3 Og.
60385 – Frankfurt am Main
Hessen – Deutschland
Si alguna vez pasáis por Frankfurt, no dejéis de visitarme :)
viernes, 24 de octubre de 2008
El piso (15/16-oct)
… abrió la puerta y… era una buhardilla.
Lo primero que me chocó (y para lo que aún no tengo explicación) es que las fotos que me habían mandado por fax a Nintendo no tenían nada que ver con el piso. Pero bueno…
Tenía 21 metros cuadrados, pero parecía que tenía de todo, a saber:
Baño, con lavabo, váter, ducha, luz y algún armario.
2 sofás individual mirando hacia una columna (donde los ricachones suelen tener una tele).
Cocina integrada en la habitación: una cocina de dos platos eléctrica, con fregadero, frigorífico, varios armarios y luz propia.
Una mesa con silla y una especie de sofá alrededor, donde ya veía yo perfectamente ubicado mi portátil con sus accesorios.
Una cama de 2 metros, sin taras aparentes.
Otras mesita, una mesilla, muebles de cajones (se llamarán cajoneros digo yo), dos armarios, uno de ellos con perchas y todo…
En fin, parecía que tenía de todo. Intenté repasar mentalmente lo que me dijo mi madre que era imprescindible: había calefacción, cocina, baño no compartido, enchufes… ¡estaba todo! Mientras yo empezaba a mirar el piso con cariño, ella me iba abriendo armarios y me decía cosas que me podía quedar: cubiertos, platos, vasos, cazuelas, sartenes, una swiffer, una lavadora estropeada, líquidos de limpieza…
De vez en cuando me venía a la mente el hostal, y me daban ganas de arrodillarme allí mismo y decirle “María, por favor, si me dejas dormir aquí hoy te alquilo el piso 15 años”. Era el paraíso. Quedamos en que le llamaría. Le dije que pronto, tanto para sí, como para no.
Al salir del piso, llamé a mis padres y les dije (literalmente): “he visto otro piso. Quedaros con los detalles que os voy a decir y atentos a si falta algo, porque si no, lo voy a coger hoy mismo”. Les conté todo y me dieron el visto bueno, así que me fui a la agencia y les comenté que llamaran a María, y que le preguntasen si podía entrar el viernes (todo esto era el miércoles).
Tenía hostal hasta el domingo, pero es que era un infierno. Llegaba todos los días reventado, y estaba en el culo del mundo sin ningún sitio al que ir a internet, o a comprar cena y con unas instalaciones de pena; además me tenía que levantar demasiado pronto sólo por la incompetencia de sus autobuses… Si alguien tiene curiosidad por ver dónde estaba (sólo el pueblo, no el hostal), buscad Neu Isenburg en Google Maps. También es verdad que no os va a decir mucho…
Con la sensación del deber cumplido, me fui a Neu Isenburg, como un campeón. Y como un campeón me di cuenta de que no había comprado una toalla… Me desesperé… me tenía que duchar sí o sí, y no tenía toalla. Bueno, pues no se me ocurrió otra que coger una camiseta interior y marchar valiente hacia las duchas compartidas.
La ventana de ese cuarto estaba rota, así que había una temperatura de unos 10 grados. Ideal para la salida de la ducha. Y cuando llegó el momento, ahí estaba yo secándome con mi camiseta interior, pasando más frío que Robinho en Reykjavik. Fue una de las peores experiencias que he tenido de momento aquí en Frankfurt. Al día siguiente la tos que tenía asustaba al miedo…
Llegó el jueves. Conseguí compensar la desgana de levantarme en el hostal con la idea de que en 24 horas estaría instalándome en el piso.
El día en Nintendo transcurrió parecido a los anteriores. Ya estaba viciado al Zelda considerablemente. Qué juego más guapo. Me lo estaba pasando sin trucos y sin guías de internet. Ya me había atascado varias veces, pero siempre conseguía salir o encontrar lo necesario, hasta que me atasqué unas dos horas en el mismo sitio. Estaba venga a dar vueltas y no había manera de superar un obstáculo. Cuando me iba a levantar para pedirle a Basilio (entrenador) un walkthrough (las guías de los juegos) del Zelda, llevaba el mando en la mano y no lo solté, por lo que hice un movimiento que no había hecho antes y resolví el conflicto. Era justo el movimiento que se necesitaba, y no se me habría ocurrido, así que de pura suerte conseguí avanzar, sin recurrir a walkthroughs.
Después de Nintendo fui a mi agencia y me confirmaron que podía ir al piso el viernes. ¡¡Me quedaba un día para mudarme!! ¡¡Increíble!! Hay gente que se tira 3 semanas buscando piso para encontrar uno en las afueras, o uno cutre, y yo había encontrado una pequeña joyita en 3 días. Por fin algo de suerte.
Cuando me iba de la agencia, la chica me dijo: “Y pásate mañana por la señora del hostal, que te va a devolver el dinero de los dos días que no estarás”. ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! ¿¿¿¡¡¡Pero cómo le has pedido que me devuelva el dinero?!?!?!? ¿¡¿Cómo osas?!?!? Jooooooo. Si yo quería verla lo menos posible…
Iba a ver un sacrificio humano en directo. En fin…
Hice unas compras por el centro, me conecté un rato en un ciber y me fui a Guantánamo. Me esperaba un viernes de mudanza y un fin de semana de compras e instalación. Prometedor.
Lo primero que me chocó (y para lo que aún no tengo explicación) es que las fotos que me habían mandado por fax a Nintendo no tenían nada que ver con el piso. Pero bueno…
Tenía 21 metros cuadrados, pero parecía que tenía de todo, a saber:
Baño, con lavabo, váter, ducha, luz y algún armario.
2 sofás individual mirando hacia una columna (donde los ricachones suelen tener una tele).
Cocina integrada en la habitación: una cocina de dos platos eléctrica, con fregadero, frigorífico, varios armarios y luz propia.
Una mesa con silla y una especie de sofá alrededor, donde ya veía yo perfectamente ubicado mi portátil con sus accesorios.
Una cama de 2 metros, sin taras aparentes.
Otras mesita, una mesilla, muebles de cajones (se llamarán cajoneros digo yo), dos armarios, uno de ellos con perchas y todo…
En fin, parecía que tenía de todo. Intenté repasar mentalmente lo que me dijo mi madre que era imprescindible: había calefacción, cocina, baño no compartido, enchufes… ¡estaba todo! Mientras yo empezaba a mirar el piso con cariño, ella me iba abriendo armarios y me decía cosas que me podía quedar: cubiertos, platos, vasos, cazuelas, sartenes, una swiffer, una lavadora estropeada, líquidos de limpieza…
De vez en cuando me venía a la mente el hostal, y me daban ganas de arrodillarme allí mismo y decirle “María, por favor, si me dejas dormir aquí hoy te alquilo el piso 15 años”. Era el paraíso. Quedamos en que le llamaría. Le dije que pronto, tanto para sí, como para no.
Al salir del piso, llamé a mis padres y les dije (literalmente): “he visto otro piso. Quedaros con los detalles que os voy a decir y atentos a si falta algo, porque si no, lo voy a coger hoy mismo”. Les conté todo y me dieron el visto bueno, así que me fui a la agencia y les comenté que llamaran a María, y que le preguntasen si podía entrar el viernes (todo esto era el miércoles).
Tenía hostal hasta el domingo, pero es que era un infierno. Llegaba todos los días reventado, y estaba en el culo del mundo sin ningún sitio al que ir a internet, o a comprar cena y con unas instalaciones de pena; además me tenía que levantar demasiado pronto sólo por la incompetencia de sus autobuses… Si alguien tiene curiosidad por ver dónde estaba (sólo el pueblo, no el hostal), buscad Neu Isenburg en Google Maps. También es verdad que no os va a decir mucho…
Con la sensación del deber cumplido, me fui a Neu Isenburg, como un campeón. Y como un campeón me di cuenta de que no había comprado una toalla… Me desesperé… me tenía que duchar sí o sí, y no tenía toalla. Bueno, pues no se me ocurrió otra que coger una camiseta interior y marchar valiente hacia las duchas compartidas.
La ventana de ese cuarto estaba rota, así que había una temperatura de unos 10 grados. Ideal para la salida de la ducha. Y cuando llegó el momento, ahí estaba yo secándome con mi camiseta interior, pasando más frío que Robinho en Reykjavik. Fue una de las peores experiencias que he tenido de momento aquí en Frankfurt. Al día siguiente la tos que tenía asustaba al miedo…
Llegó el jueves. Conseguí compensar la desgana de levantarme en el hostal con la idea de que en 24 horas estaría instalándome en el piso.
El día en Nintendo transcurrió parecido a los anteriores. Ya estaba viciado al Zelda considerablemente. Qué juego más guapo. Me lo estaba pasando sin trucos y sin guías de internet. Ya me había atascado varias veces, pero siempre conseguía salir o encontrar lo necesario, hasta que me atasqué unas dos horas en el mismo sitio. Estaba venga a dar vueltas y no había manera de superar un obstáculo. Cuando me iba a levantar para pedirle a Basilio (entrenador) un walkthrough (las guías de los juegos) del Zelda, llevaba el mando en la mano y no lo solté, por lo que hice un movimiento que no había hecho antes y resolví el conflicto. Era justo el movimiento que se necesitaba, y no se me habría ocurrido, así que de pura suerte conseguí avanzar, sin recurrir a walkthroughs.
Después de Nintendo fui a mi agencia y me confirmaron que podía ir al piso el viernes. ¡¡Me quedaba un día para mudarme!! ¡¡Increíble!! Hay gente que se tira 3 semanas buscando piso para encontrar uno en las afueras, o uno cutre, y yo había encontrado una pequeña joyita en 3 días. Por fin algo de suerte.
Cuando me iba de la agencia, la chica me dijo: “Y pásate mañana por la señora del hostal, que te va a devolver el dinero de los dos días que no estarás”. ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! ¿¿¿¡¡¡Pero cómo le has pedido que me devuelva el dinero?!?!?!? ¿¡¿Cómo osas?!?!? Jooooooo. Si yo quería verla lo menos posible…
Iba a ver un sacrificio humano en directo. En fin…
Hice unas compras por el centro, me conecté un rato en un ciber y me fui a Guantánamo. Me esperaba un viernes de mudanza y un fin de semana de compras e instalación. Prometedor.
Más training (14/15-oct)
El martes pude despertarme un poco más tarde, ya que conocía mejor los autobuses y metros. Aún así, a las 7.30. No está mal.
Los despertares en el hostal eran horribles. Según abría la puerta de mi habitación me llegaba el frío que entraba por las ventas rotas y el olor a puercos enlatados. Entonces yo dejaba mi neceser sobre la bandeja de uno de los lavabos, llena de pelos y pasta de dientes, y me armaba de valor para lavarme la cara con agua fresquita y ponerme las lentillas.
Y a todo esto, cada viaje que hacía al baño tenía que cerrar mi habitación con llave, porque me lo dijo la ogra, y se ella lo decía…
Me morí de frío hasta que llegó el autobús. Llegó 10 minutos tarde. Perdí el metro que tenía pensado coger, así que agonicé hasta que llegó el siguiente, que se retrasó otros 10 minutos. Con todo ese retraso, llegué a la estación del centro de Frankfurt (Hauptwache, la nombraré mucho) a las 8.30… Ya me veía llegando tarde el 2º día de trabajo.
El metro me dejó en la estación de Nintendo a las 8.43, así que salí como un desgraciado a todo correr, llegué al edificio, subí corriendo por las escaleras y fiché a las 8.45 (y 40 segundos). Estuve a 20 segundos de cometer mi primera falta y estar a sólo 2 del paro alemán. Aún se puede decir que tuve suerte.
Seguí con el training. Ya me iba empapando de bastantes cosas. Una cosa que me sorprendió es el ambiente. Han conseguido que lo normal en los pasillos sea que la gente se sujete la puerta, se dé las gracias, se salude, otra vez las gracias…. Sí, me chocó bastante. Es un ambiente muy cordial.
Por la tarde fui a visitar un piso que me había conseguido la de la Agencia. Estaba a 10 minutos de Nintendo andando, así que fui directamente después de trabajar. Allí me esperaba un señor sin idea de inglés. Perfecto. Borré de mi memoria todas las preguntas que no se podían traducir a gestos: ¿está incluida la calefacción, la luz, etc. en el precio? ¿Cuánto tiempo es el mínimo a alquilar?
Subimos unas escaleras y abrió una puerta. Allí apareció una mini-habitación con todo tirado por el suelo, todo sucio… debía estar alquilado allí un auténtico desgraciado, porque no he visto cosa igual. Me dio bastante para atrás, y para colmo, el baño compartido. Hasta luego. Auf wiedersen. Tengo la cuota de baño compartido cubierta hasta 2013.
Al salir del piso me dio un bajón: vuelta al hostal. Compré algo de comer, que llegó frío, por supuesto, y entré en mi mansión. Qué asco. Cuando fui a ducharme (me costó unos 30 minutos armarme de valor), me di cuenta de que no me había traído toalla. Eran las 10 y ya estaba todo cerrado… marrón. Me tuve que fastidiar, ponerme el pijamita, y a dormir.
El miércoles no empezó muy diferente. Olores desagradables, frío e incomodidades. En esos momentos siempre me pasaba por la cabeza toda la gente que me decía “¿pero dónde te vas loco? ¡con lo bien que se está en casita!”. Y yo les daba la razón, pero totalmente.
Al llegar a Nintendo la cosa cambiaba un poco. Era el ambiente, el Zelda, los cafés calentitos…
Me explicaron un poco más concretamente mi trabajo: me asignarían a un proyecto, y a través de varias fases, tendría que buscar cualquier tipo de error, principalmente relacionado con la traducción e informar sobre él. Lo que allí llaman (y que yo usaré en el blog): reportar un bug.
En informática se usa mucho la palabra bug. Un error puede dar lugar a confusión. Un error es cuando Windows dice “no se pudo hacer no sé qué”. Es un error, pero está bien. Un bug sería si al ir a cerrar ese error de Windows, desapareciese algún botón del escritorio (más o menos).
Fui entablando conversación con varios españoles. De Madrid la mayoría. Casi todos llevaban menos de 2 meses.
Mientras estaba trabajando, me avisaron “Eduardo, is it you?” “Please go to adminlocalization”. Acongojadito, fui a ese sitio, que es una oficina. Yo ya iba pensando que me iban a decir que tenía que fichar antes de las 8.45, aunque no marcase todavía las 8.46, pero no, era sólo para darme un mensaje de mi agencia: tenía otro piso para ver. Ufff.
Así que al salir de trabajar fui al piso. De entrada, no estaba muy lejos del centro: 4 paradas. Era un barrio muy tranquilo. Había un parque lleno de niños y la gente iba por la calle haciendo jogging. Llegué a la casa en cuestión, de 3 pisos. Me recibió la dueña, que se llamaba María Korte. No era española, pero tenía antepasados de allí y viajaba mucho a España, a Murcia.
Cuando le pregunté si hablaba inglés y me dijo que no, directamente miré al cielo diciendo “vale ya, ¿no?”, pero hete aquí que empezó a hablarme en español. Raro y embarullado, pero español. Qué descanso.
La acompañé, subimos dos pisos, y de ahí subían unas escaleritas a un tercer piso, parecía una buhardilla…
Los despertares en el hostal eran horribles. Según abría la puerta de mi habitación me llegaba el frío que entraba por las ventas rotas y el olor a puercos enlatados. Entonces yo dejaba mi neceser sobre la bandeja de uno de los lavabos, llena de pelos y pasta de dientes, y me armaba de valor para lavarme la cara con agua fresquita y ponerme las lentillas.
Y a todo esto, cada viaje que hacía al baño tenía que cerrar mi habitación con llave, porque me lo dijo la ogra, y se ella lo decía…
Me morí de frío hasta que llegó el autobús. Llegó 10 minutos tarde. Perdí el metro que tenía pensado coger, así que agonicé hasta que llegó el siguiente, que se retrasó otros 10 minutos. Con todo ese retraso, llegué a la estación del centro de Frankfurt (Hauptwache, la nombraré mucho) a las 8.30… Ya me veía llegando tarde el 2º día de trabajo.
El metro me dejó en la estación de Nintendo a las 8.43, así que salí como un desgraciado a todo correr, llegué al edificio, subí corriendo por las escaleras y fiché a las 8.45 (y 40 segundos). Estuve a 20 segundos de cometer mi primera falta y estar a sólo 2 del paro alemán. Aún se puede decir que tuve suerte.
Seguí con el training. Ya me iba empapando de bastantes cosas. Una cosa que me sorprendió es el ambiente. Han conseguido que lo normal en los pasillos sea que la gente se sujete la puerta, se dé las gracias, se salude, otra vez las gracias…. Sí, me chocó bastante. Es un ambiente muy cordial.
Por la tarde fui a visitar un piso que me había conseguido la de la Agencia. Estaba a 10 minutos de Nintendo andando, así que fui directamente después de trabajar. Allí me esperaba un señor sin idea de inglés. Perfecto. Borré de mi memoria todas las preguntas que no se podían traducir a gestos: ¿está incluida la calefacción, la luz, etc. en el precio? ¿Cuánto tiempo es el mínimo a alquilar?
Subimos unas escaleras y abrió una puerta. Allí apareció una mini-habitación con todo tirado por el suelo, todo sucio… debía estar alquilado allí un auténtico desgraciado, porque no he visto cosa igual. Me dio bastante para atrás, y para colmo, el baño compartido. Hasta luego. Auf wiedersen. Tengo la cuota de baño compartido cubierta hasta 2013.
Al salir del piso me dio un bajón: vuelta al hostal. Compré algo de comer, que llegó frío, por supuesto, y entré en mi mansión. Qué asco. Cuando fui a ducharme (me costó unos 30 minutos armarme de valor), me di cuenta de que no me había traído toalla. Eran las 10 y ya estaba todo cerrado… marrón. Me tuve que fastidiar, ponerme el pijamita, y a dormir.
El miércoles no empezó muy diferente. Olores desagradables, frío e incomodidades. En esos momentos siempre me pasaba por la cabeza toda la gente que me decía “¿pero dónde te vas loco? ¡con lo bien que se está en casita!”. Y yo les daba la razón, pero totalmente.
Al llegar a Nintendo la cosa cambiaba un poco. Era el ambiente, el Zelda, los cafés calentitos…
Me explicaron un poco más concretamente mi trabajo: me asignarían a un proyecto, y a través de varias fases, tendría que buscar cualquier tipo de error, principalmente relacionado con la traducción e informar sobre él. Lo que allí llaman (y que yo usaré en el blog): reportar un bug.
En informática se usa mucho la palabra bug. Un error puede dar lugar a confusión. Un error es cuando Windows dice “no se pudo hacer no sé qué”. Es un error, pero está bien. Un bug sería si al ir a cerrar ese error de Windows, desapareciese algún botón del escritorio (más o menos).
Fui entablando conversación con varios españoles. De Madrid la mayoría. Casi todos llevaban menos de 2 meses.
Mientras estaba trabajando, me avisaron “Eduardo, is it you?” “Please go to adminlocalization”. Acongojadito, fui a ese sitio, que es una oficina. Yo ya iba pensando que me iban a decir que tenía que fichar antes de las 8.45, aunque no marcase todavía las 8.46, pero no, era sólo para darme un mensaje de mi agencia: tenía otro piso para ver. Ufff.
Así que al salir de trabajar fui al piso. De entrada, no estaba muy lejos del centro: 4 paradas. Era un barrio muy tranquilo. Había un parque lleno de niños y la gente iba por la calle haciendo jogging. Llegué a la casa en cuestión, de 3 pisos. Me recibió la dueña, que se llamaba María Korte. No era española, pero tenía antepasados de allí y viajaba mucho a España, a Murcia.
Cuando le pregunté si hablaba inglés y me dijo que no, directamente miré al cielo diciendo “vale ya, ¿no?”, pero hete aquí que empezó a hablarme en español. Raro y embarullado, pero español. Qué descanso.
La acompañé, subimos dos pisos, y de ahí subían unas escaleritas a un tercer piso, parecía una buhardilla…
martes, 21 de octubre de 2008
El primer día (13-oct)
[Después de un montón de intentos, he conseguido subir el post anterior, así que subo éste también. Aún tengo alguno más escrito, espero poder subirlo de alguna manera antes del fin de semana.]
Sonó el despertador a las 6.15. Cuando vi la hora, pensé que era un error. Hasta las 7 como mínimo no empiezan los días en ningún país…
Después de empaparme de olor a pino mientras me lavaba la cara con agua polar, salí al mundo real. Había una niebla del carajo, y 5 grados. Sí señor. Eso es el frío alemán que me decía mi abuela. Aquí los sintecho sí que tienen que ser ironmans. Pablo, apunta…
Logré localizar el autobús que me llevaba a la estación de metro, y allí cogí el metro hasta el centro.
En la Agencia ya me esperaban. Llegué congeladito, y me preguntaron si tenía frío. Cuando les contesté que estaba helado (ni siquiera me caían los mocos porque estaban todos congelados cerca del cerebro), me dijeron “pues prepárate porque hoy no hace frío”. Olé.
Después de la amistosa advertencia, me sentaron en una mesa, y empezaron a sacar papeles y más papeles… firma aquí, y firma aquí… Y yo iba firmando. Eso sí, a favor diré que los que estaban en alemán me los iban traduciendo “al vuelo” aunque con los nervios del primer día, tampoco me quedaba con muchos detalles. Firmé el contrato de confidencialidad de Nintendo, por el que no puedo comentar nada de los proyectos en los que me encuentre ni del funcionamiento de la empresa; firmé el seguro, para el que me preguntaban cosas cómo si es importante tener un botiquín en la oficina o si había que bajar las escaleras corriendo cuando estuviesen mojadas. Fue un test difícil, pero lo pasé.
También firmé, por fin, el contrato, todo en alemán.
Con todo el papeleo hecho, me llevaron a Nintendo. Fui en un BMW de la leche (y eso que sabéis que no soy muy de coches). Llevaba sobreimpresa información en el espejo retrovisor y los asientos se calentaban, por lo que salías con el culo en su punto.
Llegamos a Nintendo. Qué recuerdos, la entrevista… Subimos a recepción. Allí me dieron mi tarjeta. Es una tarjeta tamaño tarjeta de crédito, que sirve para entrar al edificio, a algunas salas y sobre todo para escanearla y que quede registro de nuestras entradas, salidas y descansos. Me dieron también unos auriculares y firmé un par de papeles. Listo para currar.
Salí de la sala y me presentaron a Basilio, el encargado del Training en Nintendo. Basilio nació en España, pero se crió en Alemania y lleva 6 años en Nintendo. Consecuencia: habla español, alemán e inglés perfectamente. Pero perfectamente. Creo que insistiré alguna vez más, pero es que flipo con él. Qué envidia. Cuando hablo con él en español, no tiene ningún acento. En inglés tampoco. Y piensa en alemán. Es un auténtico crack. Y lo he visto cambiar de chip más rápido que a nadie. Hablando en los 3 idiomas en el mismo minuto, conversaciones fluidas. Es mi Dios de los idiomas.
Me comentó el plan. Durante una semana se hace el Training. Me va explicando el funcionamiento de todo, y el resto del tiempo puedo jugar sin más (sin tener que buscar errores todavía). Y sin más dilación, empezamos.
De vez en cuando no entraré en muchos detalles, por el tema de la confidencialidad. Me da rabia, pero es comprensible. Fijaos si se toman en serio la confidencialidad y espionaje industrial que de vez en cuando, mientras estás trabajando, entra uno y dice “TVs off” y hay que apagar las pantallas porque viene un jardinero, o el que limpia los baños, o el conserje a cambiar una bombilla. Y cuando se va, se encienden otra vez. Una pasada.
Me explicó unas cuantas cosas:
- La puntualidad es clave. Se puede llegar tarde dos días, al tercero te echan automáticamente.
- El trabajo empieza a las 8.45 y se sale a las 17.17
- Hay descansos de 10 minutos a las 10.30 y a las 15, y media hora para comer a las 12.10
- Se puede comer y beber mientras se trabaja, siempre que no moleste ni el ruido ni el olor.
- Está totalmente prohibido hacer fotos en las instalaciones y usar USBs o similares.
Y algunas cosas más de las que me iré acordando.
Me llevó por todas las salas, todas llenas de frikis e hiper-frikis absortos en sus pantallas. En total habrá unas 300-400 personas probando juegos. Cada una en su sala, con nombre “Nintendo”: Mario Room, Princess Peach Room, Yoshi Room…
Después de esto, me dio una Wii con el Zelda Twilight Princess, y a jugar.
Sonó el despertador a las 6.15. Cuando vi la hora, pensé que era un error. Hasta las 7 como mínimo no empiezan los días en ningún país…
Después de empaparme de olor a pino mientras me lavaba la cara con agua polar, salí al mundo real. Había una niebla del carajo, y 5 grados. Sí señor. Eso es el frío alemán que me decía mi abuela. Aquí los sintecho sí que tienen que ser ironmans. Pablo, apunta…
Logré localizar el autobús que me llevaba a la estación de metro, y allí cogí el metro hasta el centro.
En la Agencia ya me esperaban. Llegué congeladito, y me preguntaron si tenía frío. Cuando les contesté que estaba helado (ni siquiera me caían los mocos porque estaban todos congelados cerca del cerebro), me dijeron “pues prepárate porque hoy no hace frío”. Olé.
Después de la amistosa advertencia, me sentaron en una mesa, y empezaron a sacar papeles y más papeles… firma aquí, y firma aquí… Y yo iba firmando. Eso sí, a favor diré que los que estaban en alemán me los iban traduciendo “al vuelo” aunque con los nervios del primer día, tampoco me quedaba con muchos detalles. Firmé el contrato de confidencialidad de Nintendo, por el que no puedo comentar nada de los proyectos en los que me encuentre ni del funcionamiento de la empresa; firmé el seguro, para el que me preguntaban cosas cómo si es importante tener un botiquín en la oficina o si había que bajar las escaleras corriendo cuando estuviesen mojadas. Fue un test difícil, pero lo pasé.
También firmé, por fin, el contrato, todo en alemán.
Con todo el papeleo hecho, me llevaron a Nintendo. Fui en un BMW de la leche (y eso que sabéis que no soy muy de coches). Llevaba sobreimpresa información en el espejo retrovisor y los asientos se calentaban, por lo que salías con el culo en su punto.
Llegamos a Nintendo. Qué recuerdos, la entrevista… Subimos a recepción. Allí me dieron mi tarjeta. Es una tarjeta tamaño tarjeta de crédito, que sirve para entrar al edificio, a algunas salas y sobre todo para escanearla y que quede registro de nuestras entradas, salidas y descansos. Me dieron también unos auriculares y firmé un par de papeles. Listo para currar.
Salí de la sala y me presentaron a Basilio, el encargado del Training en Nintendo. Basilio nació en España, pero se crió en Alemania y lleva 6 años en Nintendo. Consecuencia: habla español, alemán e inglés perfectamente. Pero perfectamente. Creo que insistiré alguna vez más, pero es que flipo con él. Qué envidia. Cuando hablo con él en español, no tiene ningún acento. En inglés tampoco. Y piensa en alemán. Es un auténtico crack. Y lo he visto cambiar de chip más rápido que a nadie. Hablando en los 3 idiomas en el mismo minuto, conversaciones fluidas. Es mi Dios de los idiomas.
Me comentó el plan. Durante una semana se hace el Training. Me va explicando el funcionamiento de todo, y el resto del tiempo puedo jugar sin más (sin tener que buscar errores todavía). Y sin más dilación, empezamos.
De vez en cuando no entraré en muchos detalles, por el tema de la confidencialidad. Me da rabia, pero es comprensible. Fijaos si se toman en serio la confidencialidad y espionaje industrial que de vez en cuando, mientras estás trabajando, entra uno y dice “TVs off” y hay que apagar las pantallas porque viene un jardinero, o el que limpia los baños, o el conserje a cambiar una bombilla. Y cuando se va, se encienden otra vez. Una pasada.
Me explicó unas cuantas cosas:
- La puntualidad es clave. Se puede llegar tarde dos días, al tercero te echan automáticamente.
- El trabajo empieza a las 8.45 y se sale a las 17.17
- Hay descansos de 10 minutos a las 10.30 y a las 15, y media hora para comer a las 12.10
- Se puede comer y beber mientras se trabaja, siempre que no moleste ni el ruido ni el olor.
- Está totalmente prohibido hacer fotos en las instalaciones y usar USBs o similares.
Y algunas cosas más de las que me iré acordando.
Me llevó por todas las salas, todas llenas de frikis e hiper-frikis absortos en sus pantallas. En total habrá unas 300-400 personas probando juegos. Cada una en su sala, con nombre “Nintendo”: Mario Room, Princess Peach Room, Yoshi Room…
Después de esto, me dio una Wii con el Zelda Twilight Princess, y a jugar.
Llegada al cutr-hotel (12-oct)
[Estoy en mi piso. Hoy, por primera vez en 5 días he encontrado una red Wifi sin protección. Aprovecho para subir el primer post de la serie (he ido escribiendo todo, así que siempre que encuentre un ciber con USB o pille Wifi en el piso, los iré subiendo. No hay negritas ni cursivas por es un copia y pega de Word, así que se pierden. Parece que aún tendré que esperar para tener internet aquí...]
Y llegué a Frankfurt am Main.
El vuelo con Ryanair sin sobresaltos, salvo los 100€ extra de sobrepeso de la maleta, aunque ya estaba previsto. Por lo demás, los viajes de Ryanair por no tener no tienen ni turbulencias, porque no las has pagado previamente. Es un lujazo.
Desde la última vez que viajé en Ryanair he advertido unos cambios importantes:
- Menos servicios gratuitos, aunque los precios ya no bajan más. En realidad, en vez de menos servicios yo diría que son “0” servicios gratuitos. Cualquier día hay que poner bote para el queroseno…
- Más asientos + mismo avión = menos espacio. Ya no es que yo, que mido 1,90, no pueda mover las piernas; es que hasta un niño de 3 años con enanismo va incómodo. Cada vez que coges aire para respirar, estás deseando soltarlo para que el corazón tenga sitio para seguir latiendo.
- Salidas… ¿de emergencia? Me chocó bastante comprobar que las salidas de emergencia mantienen el nombre ya más que nada como homenaje, porque ¡las han rellenado de asientos! Si ya está fastidiadilla la supervivencia en cualquier accidente de avión, ahora como tengas una mínima posibilidad y tengas que salir corriendo entre esos minihuecos entre filas, estás perdidos. Creo que se puede hacer antes rompiendo una ventana que esperar a la fila que se montará en esas “”salidas de emergencia””.
Salvo por esos pequeños (guiño) detalles, buen vuelo. En el aeropuerto margi Frankfurt Hahn,a 1 hora y media de Frankfurt, busqué mi autobús “low cost” a las afueras. Suena a broma, pero es verdad. Hay una compañía, Terravision, que se dedica a llevar pasajeros de los aeropuertos margis que usa Ryanair hasta las ciudades, a buen precio. A mí me costó 8€, en vez de los 12€ del transporte oficial. La única pega es que te deja en las afueras, qué paradoja, pero para mi suerte, mi hostal estaba en las afueras y me dejó bien cerca.
Después de mil vueltas a una manzana, con 2 maletas y el portátil, encontré la puerta del hostal. No tenía ningún cartel de que fuese hostal ni nada. A pelo. Simplemente me lo imaginé.
Dentro no había recepción, ni carteles… no había nadie. Estuve 10 minutos esperando y al final me armé de valor y llamé a un timbre que había. Eran las 10.30 de la noche aproximadamente, se abrió la puerta, y salió una mujer-ogro gruñendo. Le intenté explicar quién era, pero parecía confusa… de repente, y no sé porqué, empezó a sonreir y dijo “Fitarbeiten” (el nombre de mi agencia) y yo: ¡¡¡Ja!!! (o sea, sí en alemán).
Me dijo que me subiese a la habitación doscientos no sé qué, y que encontraría la puerta abierta. Busqué el ascensor, que por supuesto no había, y empecé, poquito a poco, a subir escaleras con mis dos maletones. Llegué al 3er piso (sí, los 200 estaban en el 3º) más muerto que vivo, fui a la habitación, y estaba cerrada. No me lo podía creer. ¿Iba a tener que bajar todo hasta abajo otra vez? ¿iba a tener que volver a hablar con el ogro?
Decidí que no podía bajar las maletas para luego volverlas a subir, así que confié en los alemanes y las dejé allí. Bajé y llamé al timbre de Mordor. Salió el espíritu de las Navidades gruñonas y cuando le conté lo que pasaba, se cagó en todo en su idioma, haciéndome sentir culpable (gracias) y me dijo otro número: 307. La misma historia, sólo que ahora tenía que subir un pisito más. Subí al 3º, cogí las maletas y las subí al 4º. Fui a la 307… y estaba cerrada.
Me teníais que ver en ese momento, pensando “no puede empezar la cosa así”. Además estaba acojonado por tener que volver a molestar a la bruja, pero me decía a mí mismo que el que tenía que estar molesto era yo, y con razón.
Así que bajé, con el cerebro en modo “no captar sentimientos ajenos” y con el reconocimiento de expresiones faciales desactivado, para no tener que ver encima a la monstrua quejarse. Llamé al timbre y noté temblar el suelo, y creo que incluso salieron llamas por las ranuras de la puerta, y detrás de las llamas Lucifer. Sabiendo que yo no hablaba alemán, me soltó una parrafada-gritada en plan “¿eres retrasado o qué te pasa? ¡que estoy durmiendo!”, y emprendió el duro viaje al 4º piso a comprobarlo por ella misma. No me extraña que no quisiera salir… el culaco le chocaba en los dos lados de la pared a la vez mientras subía, y en cada piso se paraba y hacía como que miraba un cartel, pero era para recuperar fuelle.
Ya en el 4º, abrió una sala de llaves, cogió la llave 307, me la dio, sonrió (hipócrita) y descendió a su inframundo. ¿Tan difícil era haber hecho eso desde el principio?
Creo que con todo este rollo os podéis hacer una idea de la ciénaga en la que iba a estar una semana. Y lo de ciénaga no es por decir; en todo el hostal se respiraba un embriagador olor a mierda que se acrecentaba según te acercabas a los baños compartidísimos. Muy romántico. Creo que podía decir que estaba en el culo del mundo sin temor a equivocarme.
Eran las 11.30 y llevaba 13 horas sin comer nada, así que por fuerza tuve que salir y buscar algo de cenar. Si a las 8pm las calles ya están desiertas y casi todo cerrado, a las 11.30 ni te cuento. Además el hostal estaba en las afueras de las afueras, y tuve que andar 25 minutos de reloj para encontrar un kebap, benditos kebaps salvadores. Los 25 minutos de vuelta fueron suficientes para que se me enfriase.
Me comé mi kebap viendo Speed Racer, la única peli que tenía en el portátil, y oyendo el frigorífico de fondo, porque la habitación era pequeña y no tenía de nada, pero frigorífico sí. Tiene coj****. Toda la noche con el bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.
Al día siguiente me tenía que levantar a las 6.15, para intentar estar a las 8 en la Agencia para firmar papeles. Un inicio prometedor.
Y llegué a Frankfurt am Main.
El vuelo con Ryanair sin sobresaltos, salvo los 100€ extra de sobrepeso de la maleta, aunque ya estaba previsto. Por lo demás, los viajes de Ryanair por no tener no tienen ni turbulencias, porque no las has pagado previamente. Es un lujazo.
Desde la última vez que viajé en Ryanair he advertido unos cambios importantes:
- Menos servicios gratuitos, aunque los precios ya no bajan más. En realidad, en vez de menos servicios yo diría que son “0” servicios gratuitos. Cualquier día hay que poner bote para el queroseno…
- Más asientos + mismo avión = menos espacio. Ya no es que yo, que mido 1,90, no pueda mover las piernas; es que hasta un niño de 3 años con enanismo va incómodo. Cada vez que coges aire para respirar, estás deseando soltarlo para que el corazón tenga sitio para seguir latiendo.
- Salidas… ¿de emergencia? Me chocó bastante comprobar que las salidas de emergencia mantienen el nombre ya más que nada como homenaje, porque ¡las han rellenado de asientos! Si ya está fastidiadilla la supervivencia en cualquier accidente de avión, ahora como tengas una mínima posibilidad y tengas que salir corriendo entre esos minihuecos entre filas, estás perdidos. Creo que se puede hacer antes rompiendo una ventana que esperar a la fila que se montará en esas “”salidas de emergencia””.
Salvo por esos pequeños (guiño) detalles, buen vuelo. En el aeropuerto margi Frankfurt Hahn,a 1 hora y media de Frankfurt, busqué mi autobús “low cost” a las afueras. Suena a broma, pero es verdad. Hay una compañía, Terravision, que se dedica a llevar pasajeros de los aeropuertos margis que usa Ryanair hasta las ciudades, a buen precio. A mí me costó 8€, en vez de los 12€ del transporte oficial. La única pega es que te deja en las afueras, qué paradoja, pero para mi suerte, mi hostal estaba en las afueras y me dejó bien cerca.
Después de mil vueltas a una manzana, con 2 maletas y el portátil, encontré la puerta del hostal. No tenía ningún cartel de que fuese hostal ni nada. A pelo. Simplemente me lo imaginé.
Dentro no había recepción, ni carteles… no había nadie. Estuve 10 minutos esperando y al final me armé de valor y llamé a un timbre que había. Eran las 10.30 de la noche aproximadamente, se abrió la puerta, y salió una mujer-ogro gruñendo. Le intenté explicar quién era, pero parecía confusa… de repente, y no sé porqué, empezó a sonreir y dijo “Fitarbeiten” (el nombre de mi agencia) y yo: ¡¡¡Ja!!! (o sea, sí en alemán).
Me dijo que me subiese a la habitación doscientos no sé qué, y que encontraría la puerta abierta. Busqué el ascensor, que por supuesto no había, y empecé, poquito a poco, a subir escaleras con mis dos maletones. Llegué al 3er piso (sí, los 200 estaban en el 3º) más muerto que vivo, fui a la habitación, y estaba cerrada. No me lo podía creer. ¿Iba a tener que bajar todo hasta abajo otra vez? ¿iba a tener que volver a hablar con el ogro?
Decidí que no podía bajar las maletas para luego volverlas a subir, así que confié en los alemanes y las dejé allí. Bajé y llamé al timbre de Mordor. Salió el espíritu de las Navidades gruñonas y cuando le conté lo que pasaba, se cagó en todo en su idioma, haciéndome sentir culpable (gracias) y me dijo otro número: 307. La misma historia, sólo que ahora tenía que subir un pisito más. Subí al 3º, cogí las maletas y las subí al 4º. Fui a la 307… y estaba cerrada.
Me teníais que ver en ese momento, pensando “no puede empezar la cosa así”. Además estaba acojonado por tener que volver a molestar a la bruja, pero me decía a mí mismo que el que tenía que estar molesto era yo, y con razón.
Así que bajé, con el cerebro en modo “no captar sentimientos ajenos” y con el reconocimiento de expresiones faciales desactivado, para no tener que ver encima a la monstrua quejarse. Llamé al timbre y noté temblar el suelo, y creo que incluso salieron llamas por las ranuras de la puerta, y detrás de las llamas Lucifer. Sabiendo que yo no hablaba alemán, me soltó una parrafada-gritada en plan “¿eres retrasado o qué te pasa? ¡que estoy durmiendo!”, y emprendió el duro viaje al 4º piso a comprobarlo por ella misma. No me extraña que no quisiera salir… el culaco le chocaba en los dos lados de la pared a la vez mientras subía, y en cada piso se paraba y hacía como que miraba un cartel, pero era para recuperar fuelle.
Ya en el 4º, abrió una sala de llaves, cogió la llave 307, me la dio, sonrió (hipócrita) y descendió a su inframundo. ¿Tan difícil era haber hecho eso desde el principio?
Creo que con todo este rollo os podéis hacer una idea de la ciénaga en la que iba a estar una semana. Y lo de ciénaga no es por decir; en todo el hostal se respiraba un embriagador olor a mierda que se acrecentaba según te acercabas a los baños compartidísimos. Muy romántico. Creo que podía decir que estaba en el culo del mundo sin temor a equivocarme.
Eran las 11.30 y llevaba 13 horas sin comer nada, así que por fuerza tuve que salir y buscar algo de cenar. Si a las 8pm las calles ya están desiertas y casi todo cerrado, a las 11.30 ni te cuento. Además el hostal estaba en las afueras de las afueras, y tuve que andar 25 minutos de reloj para encontrar un kebap, benditos kebaps salvadores. Los 25 minutos de vuelta fueron suficientes para que se me enfriase.
Me comé mi kebap viendo Speed Racer, la única peli que tenía en el portátil, y oyendo el frigorífico de fondo, porque la habitación era pequeña y no tenía de nada, pero frigorífico sí. Tiene coj****. Toda la noche con el bzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.
Al día siguiente me tenía que levantar a las 6.15, para intentar estar a las 8 en la Agencia para firmar papeles. Un inicio prometedor.
domingo, 19 de octubre de 2008
Estoy vivo
Pues eso, que estoy vivo :)
He visto que no funciona el mini-chat, y hay algunos de vosotros con los que no me he escrito ningún email ni hablado por teléfono, así que escribo un poquito para que no dejéis de visitar el blog, que pronto tendré internet y estará más activo.
Antes de que se me olvide, enhorabuena a Noe por ser tía :)
A modo de resumen, estoy muy contento por aquí. El trabajo en Nintendo me va de cine. Ya tengo piso (ensenyaré fotos), y espero contratar internet esta semana. Poco a poco voy entrando en el diabólico alemán. Puedo decir algunas frases simples... Ya sé los verbos ser/estar, tener, trabajar, hacer y llamarse :)
Ya me he enterado de que el Real Madrid ganó en el último minuto, con 2 goles anulados y Van Gol expulsado (!), y que Alonso está arriba otra vez. Mi Eintracht Frankfurt ha perdido (otra vez) y ya van los últimos de la Bundesliga (aunque con 1 partido menos). Espero que me dé tiempo de ver algún partido en directo antes de que bajen a segunda...
Bueno, que este ciber es una mierda, para variar. Se me quedan pegados los dedos a las teclas y no mola nada. Voy tirando para casita, que además tengo que hacerme la cena. Hoy toca mi especialidad: huevos, salchichas y patatas fritas. No sólo es mi especialidad, sino que es el único plato que sé hacer :D
Pronto os contaré mis aventuras con la cocina, con el frío, con los frikis, con el Media Markt de aquí... Cruzad los dedos para que encuentre rápido un servicio de internet digno.
Nos vemos!!
He visto que no funciona el mini-chat, y hay algunos de vosotros con los que no me he escrito ningún email ni hablado por teléfono, así que escribo un poquito para que no dejéis de visitar el blog, que pronto tendré internet y estará más activo.
Antes de que se me olvide, enhorabuena a Noe por ser tía :)
A modo de resumen, estoy muy contento por aquí. El trabajo en Nintendo me va de cine. Ya tengo piso (ensenyaré fotos), y espero contratar internet esta semana. Poco a poco voy entrando en el diabólico alemán. Puedo decir algunas frases simples... Ya sé los verbos ser/estar, tener, trabajar, hacer y llamarse :)
Ya me he enterado de que el Real Madrid ganó en el último minuto, con 2 goles anulados y Van Gol expulsado (!), y que Alonso está arriba otra vez. Mi Eintracht Frankfurt ha perdido (otra vez) y ya van los últimos de la Bundesliga (aunque con 1 partido menos). Espero que me dé tiempo de ver algún partido en directo antes de que bajen a segunda...
Bueno, que este ciber es una mierda, para variar. Se me quedan pegados los dedos a las teclas y no mola nada. Voy tirando para casita, que además tengo que hacerme la cena. Hoy toca mi especialidad: huevos, salchichas y patatas fritas. No sólo es mi especialidad, sino que es el único plato que sé hacer :D
Pronto os contaré mis aventuras con la cocina, con el frío, con los frikis, con el Media Markt de aquí... Cruzad los dedos para que encuentre rápido un servicio de internet digno.
Nos vemos!!
viernes, 10 de octubre de 2008
Unas fotitos
Para que podáis desengrasar un poquito los ojos, que algunos no habíais leído tanto desde que os mandaron leer La Celestina en bachillerato, os pongo un post de fotos. El Wifi que pillo me está dando hoy un respiro.
Éste es el minibar del que os hablé. Un lujazo. Y por supuesto, todo fresquito fresquito y a precios coreano-razonables. Como para coger...



En el avión teníamos nuestro ordenador personal (lo comenté en el post) y éste era el mando. Si lo girabas, se convertía en mando tipo Super Nintendo:

Y eso es todo por ahora. Me quedan 48 horas en España... qué tensión. Veo salchichas, cervezas, patatas y consolas en cuanto cierro los ojos...
Éste es el minibar del que os hablé. Un lujazo. Y por supuesto, todo fresquito fresquito y a precios coreano-razonables. Como para coger...
Mi primera cena. Me gustó tanto que comí lo mismo todos los días en Frankfurt. En total, 4 comidas a base de kebap, rollitos de algo y patatas fritas:
Al salir de la entrevista, mucho más relajado...
Un lugar que creo que frecuentaré bastante...
La luz de mi habitación en el """"hotel"""". 1 de 4. Buen porcentaje. No me importa hacer toda la mala publicidad que haga falta. Me dejé una camisa en el hotel, les escribí para que me la guardasen y me dijeron que el servicio de la limpieza no la encontró... ¡¡si estaba en el armario!! Así que, para que aparezca en Google, ¡¡ en el hotel Jaguar de Frankfurt son unos ladrones y unos chorizos y te intentan robar y el servicio es una mierda y no me devuelven lo que me dejo !!
No lo conté en el último post, pero llegar de Frankfurt al aeropuerto fue una odisea. Está penosamente señalizado. Este cartel de abajo es lo más parecido a una indicación que encontré. Lo seguí y me encontré con el siguiente (una foto más abajo).
Flipaba. O sea, hace un momento había un símbolo de aeropuerto y había desaparecido. Y estaba claro que no era ninguno de esos 2 carteles que se ven en esta foto. Me di la vuelta y busqué un taxi. Después de casi 40 minutos sin encontrar ninguno, volví a esta estación. Pregunté a dos pavos que no sabían inglés. Al tercero, me dijo que tenía que seguir dirección "Flughafen" que significa... ¡¡aeropuerto!! ¡Pero qué desgraciados! Cómo pretenden que un turista acierte que eso significa aeropuerto. Aeropuerto - aeroporto - airport - aéroport - aireportua... flughafen.
En el avión teníamos nuestro ordenador personal (lo comenté en el post) y éste era el mando. Si lo girabas, se convertía en mando tipo Super Nintendo:
Y eso es todo por ahora. Me quedan 48 horas en España... qué tensión. Veo salchichas, cervezas, patatas y consolas en cuanto cierro los ojos...
jueves, 9 de octubre de 2008
La entrevista
Estaba releyendo el final de mi anterior post, para recordar cuando lo dejé, y he visto que la traducción de Einbahnstrasse no aparecía. Es porque puse unas comillas diferentes y las interpretó como código HTML. Sorry. Ahora le encuentro más sentido al comentario de Vasco :)
Voy a volver a insistir en que me gustaría ir contestando a más comentarios, pero sin internet ando fastidiado. De todas formas, me hace mucha ilusión ver como poco a poco la gente que me esperaba (y alguna sorpresa) va leyendo las chorradillas estas que escribo. Gracias.
Continúo. En el hotel, de noche, y a falta del Real Madrid, vi 2 partidos de copa del rey alemana. Me gustó mucho cómo jugó el Bayern de Munich, aunque en su liga va un poco mal. Creo que me haré del Hamburgo, que va líder... (el Eintracht Frankfurt va el penúltimo).
Llegó el día de la entrevista. Era a las 3, pero yo había quedado con Sorina, una chica de la agencia que me seleccionó, a las 2 en el centro de Frankfurt. Después de comprobar que el desayuno buffet de 7 € tenía un valor real de entre 1 y 1,20 €, me fui a dar una vuelta.
Con Sorina había ya otros aspirantes. Nos llevaron a un despacho donde nos enseñaron nuestros test (los que habíamos hecho por e-mail) para que viésemos los errores que no habíamos encontrado. Nos explicaron un poco el funcionamiento de la entrevista.
Cogimos el metro y nos fuimos a las oficinas de Nintendo. Por el camino intenté hablar con otro de los chavales, un italiano. Hace bastante que no hablo italiano y tenía ganas. Le pregunté de dónde era, me dijo que de la Toscana y se giró. P*** chulo...
Me dirigí al español, con el que todavía no había tenido oportunidad de hablar.
-¿De dónde eres?
- De Extremadura, extrema y dura.
Me mató. Cómo se puede ser tan crack de empezar así una conversación con alguien que no conoces. Fuimos hablando todo el camino y nos echamos unas risas (a todo esto, italianos y alemanes serios y concentrados; así nos suele ir a los españoles).
Una vez en Nintendo, lo primero que nos chocó, vaya chorrada, era que el logotipo era gris y no rojo. Allí nos juntamos con otros aspirantes de otras agencias. En total éramos unos 12 o 13.
En la pared de la secretaría estaba pintada una pantalla del Super Mario, y la sala de café tenía la Wii y la GameCube. Me habría gustado hacer una foto, pero leí que no les hace mucha gracia. El tema de la privacidad es bastante importante para ellos.
Tras una tensa espera, nos sentaron a todos en una sala y nos repartieron un test y un boli, a cada uno en su idioma. Teníamos 10 minutos para buscar faltas y corregirlas.
Leí el texto una vez, eran tres párrafos. Corregí sólo las faltas que cantaban, luego ya lo miraría más despacio. Cuando lo leí, me di cuenta de que no tenía ni idea de qué iba el texto. Qué fuerte. Era un lenguaje literario, super literario, pero raro. Era más o menos como si para decir una frase sustituyese cada palabra por un sinónimo en desuso desde la Edad Media. Había como 10 palabras que no había oído en mi vida.
Lo volví a leer y a corregir. Salieron más faltas y entendí un poquito. A la tercera ya sólo encontré una falta. Y la 4ª y 5ª vez ya me dediqué a entenderlo, por si así encontraba faltas de coherencia, tiempos, etc. Al final casi se puede decir que comprendí el texto.
Salí bastante contento. Empecé a comentar las faltas con el extremeño, y básicamente teníamos las mismas. Según algunas fuentes, necesitábamos haber encontrado un 50% para pasar a la entrevista personal. Según otras, un 90%. No se sabe.
Salió un empleado de Nintendo y dijo un nombre, y a continuación: "you didn´t pass the test". Lo repitió con 6 personas más. Después se calló, y nos dijo a los demás que nos iría llamando para la entrevista. Choqué la mano con el español. Había sido como superar las nominaciones de la Mercedes Milá.
Desde ese momento hasta que me llamaron para la entrevista fue cuando más nervioso estuve. Con diferencia. Incluso más que con la entrevista. Al haber eliminado a tanta gente, vi más posibilidades y sentía la presión de "has venido hasta Frankfurt jugándote los San Mateos, y en los próximos 10 minutos se va a decidir si ha merecido la pena o has hecho el chorra".
"¡Eduardo Domínguez!" Llegó el momento. Entré a la misma sala. Estaban el alemán y otra chica. El alemán empezó a hacerme preguntas, unas típicas y otras no tanto. Respondí sin mayor problema. Eché de menos un par de palabras en inglés, pero tuve suerte y encontré rápido la manera de decirlo de otro modo.
Cuando ya estaba exhausto, el alemán me dijo que continuaba con la chica... ¡y se presentó en español! ¡era española! Me preguntó un par de cosillas en español. Qué gozada, qué relajación... pero cuando me confié, volvió a preguntar el otro.
En unos 10-15 minutos terminó el tema. Esperé a que el español hiciese su entrevista, y nos volvimos juntos al centro de Frankfurt. Me enseñó dónde había un Lidl, por si acaso me cogían.
Nos deseamos suerte y nos despedimos, porque yo había reservado una plaza en un tour por la ciudad, en autobús.
Me tiré 2 horas y media de visita en autobús. Me dio tiempo de hacer amistad con un indio y quedamos para la noche, para dar una vuelta (risas en el público del blog). La verdad es que la idea fue suya :)
Por la noche nos recorrimos medio Frankfurt, y por el camino íbamos flipando mutuamente con las diferencias entre la India y España/Europa. Yo me lo aprendía todo para contárselo a Pablo, porque se va a la India una semanita. ¡Pablo! ¡Escribe un comentario y explícalo que esta gente no lo sabía! (lo pongo en negrita porque es lo único que lee).
Le dije al indio si conocía los Simpson. Me dijo que no mucho. Le pregunté por Apu, pero no le sonaba... qué pena, tenía unas cuantas preguntas que hacerle. En el recorrido, pasamos por el barrio rojo, y había una calle entera de sex shops y locales X. Al tío se le iban los ojos sólo con los posters de fuera. Qué diferencia de culturas... :D
De camino al hotel, me metí en una de las mil kebaperías que había y me compré el tercer kebap de la semana.
Al día siguiente, cuando estaba en el metro yendo al aeropuerto, me llamó Sorina y me dio las good news: me habían cogido y tenía que empezar en 15 días, el 13 de octubre.
Iba a llamar a toda mi agenda telefónica, pero en la "A", sólo llegué a "Abuela", porque con ella ya gasté la batería que me quedaba. Fue la típica llamada "corta" de "bueno hijo, que no te quiero entretener, que te va a costar mucho, pero... ¿has comido bien? ¿te has abrigado? ¿llevas el dinero repartido por varios sitios?".
El viaje de vuelta empezó animado, ya que en los mostradores de facturación nos hicieron los billetes... ¡¡a mano!! porque no funcionaba el ordenador. Joder... Nos retrasamos 45 minutos. El vuelo duraba 2 horas y media.
En el avión, se presentó el capitán como suele hacer y dijo "la duración estimada será de 1 hora y media". Miré a la chica de al lado, y nos reímos. Joder, qué tío, se ha colado. Pero se presentó en inglés, y la duración estimada volvió a ser la misma.
Se ve que oyó el murmullo y explicó que "iba a intentar recuperar el tiempo perdido en el embarque" ¿Ein? ¿Intentar recuperar? Mira chavalote, o lo recuperas, o déjalo, que tampoco pasa nada, pero no lo intentes. Si no lo has probado nunca, no lo intentes...
Ni que decir tiene que los pasajeros estuvimos formalitos y acojonaditos todo el vuelo. Y llegamos en hora y media. Menos mal que el retraso fue de 45 minutos, si no el tío ese creo que supera la barrera del sonido con tal de llegar a tiempo. ¡¡Qué tendría que hacer tan importante!!
Al bajar del avión, encendí el móvil y esperé con ilusión los mensajes de la gente que me había llamado... mensajes que no llegaron :) Eso sí, me llamó Iñaki:
- ¿Sí?
- Eeeeeeeeeeeeeeeeee
- ¡Hombre Iñaki! ¿Qué cuentas?
- ¿A qué hora hemos quedao?
- Erm... pero... ¿sabes que estoy en Barajas?
- ........................................................................que estás..................... ¿¡y qué haces ahí!?
Desde luego... vaya amigos... :) (no te piques Iñaki, que luego ya me explicaste que no te lo había dicho).
Y hasta aquí el primer viaje a Frankfurt. Ya podéis secaros el sudor, y recordad que cada post que leáis convalida medio crédito de libre elección, así que merece la pena. Y por escribir comentarios ni te cuento...
Si el hecho de que aún no tengo la maleta preparada me lo permite, escribiré un post más antes de irme, y con eso estaré (y estaréis) al día.
Voy a volver a insistir en que me gustaría ir contestando a más comentarios, pero sin internet ando fastidiado. De todas formas, me hace mucha ilusión ver como poco a poco la gente que me esperaba (y alguna sorpresa) va leyendo las chorradillas estas que escribo. Gracias.
Continúo. En el hotel, de noche, y a falta del Real Madrid, vi 2 partidos de copa del rey alemana. Me gustó mucho cómo jugó el Bayern de Munich, aunque en su liga va un poco mal. Creo que me haré del Hamburgo, que va líder... (el Eintracht Frankfurt va el penúltimo).
Llegó el día de la entrevista. Era a las 3, pero yo había quedado con Sorina, una chica de la agencia que me seleccionó, a las 2 en el centro de Frankfurt. Después de comprobar que el desayuno buffet de 7 € tenía un valor real de entre 1 y 1,20 €, me fui a dar una vuelta.
Con Sorina había ya otros aspirantes. Nos llevaron a un despacho donde nos enseñaron nuestros test (los que habíamos hecho por e-mail) para que viésemos los errores que no habíamos encontrado. Nos explicaron un poco el funcionamiento de la entrevista.
Cogimos el metro y nos fuimos a las oficinas de Nintendo. Por el camino intenté hablar con otro de los chavales, un italiano. Hace bastante que no hablo italiano y tenía ganas. Le pregunté de dónde era, me dijo que de la Toscana y se giró. P*** chulo...
Me dirigí al español, con el que todavía no había tenido oportunidad de hablar.
-¿De dónde eres?
- De Extremadura, extrema y dura.
Me mató. Cómo se puede ser tan crack de empezar así una conversación con alguien que no conoces. Fuimos hablando todo el camino y nos echamos unas risas (a todo esto, italianos y alemanes serios y concentrados; así nos suele ir a los españoles).
Una vez en Nintendo, lo primero que nos chocó, vaya chorrada, era que el logotipo era gris y no rojo. Allí nos juntamos con otros aspirantes de otras agencias. En total éramos unos 12 o 13.
En la pared de la secretaría estaba pintada una pantalla del Super Mario, y la sala de café tenía la Wii y la GameCube. Me habría gustado hacer una foto, pero leí que no les hace mucha gracia. El tema de la privacidad es bastante importante para ellos.
Tras una tensa espera, nos sentaron a todos en una sala y nos repartieron un test y un boli, a cada uno en su idioma. Teníamos 10 minutos para buscar faltas y corregirlas.
Leí el texto una vez, eran tres párrafos. Corregí sólo las faltas que cantaban, luego ya lo miraría más despacio. Cuando lo leí, me di cuenta de que no tenía ni idea de qué iba el texto. Qué fuerte. Era un lenguaje literario, super literario, pero raro. Era más o menos como si para decir una frase sustituyese cada palabra por un sinónimo en desuso desde la Edad Media. Había como 10 palabras que no había oído en mi vida.
Lo volví a leer y a corregir. Salieron más faltas y entendí un poquito. A la tercera ya sólo encontré una falta. Y la 4ª y 5ª vez ya me dediqué a entenderlo, por si así encontraba faltas de coherencia, tiempos, etc. Al final casi se puede decir que comprendí el texto.
Salí bastante contento. Empecé a comentar las faltas con el extremeño, y básicamente teníamos las mismas. Según algunas fuentes, necesitábamos haber encontrado un 50% para pasar a la entrevista personal. Según otras, un 90%. No se sabe.
Salió un empleado de Nintendo y dijo un nombre, y a continuación: "you didn´t pass the test". Lo repitió con 6 personas más. Después se calló, y nos dijo a los demás que nos iría llamando para la entrevista. Choqué la mano con el español. Había sido como superar las nominaciones de la Mercedes Milá.
Desde ese momento hasta que me llamaron para la entrevista fue cuando más nervioso estuve. Con diferencia. Incluso más que con la entrevista. Al haber eliminado a tanta gente, vi más posibilidades y sentía la presión de "has venido hasta Frankfurt jugándote los San Mateos, y en los próximos 10 minutos se va a decidir si ha merecido la pena o has hecho el chorra".
"¡Eduardo Domínguez!" Llegó el momento. Entré a la misma sala. Estaban el alemán y otra chica. El alemán empezó a hacerme preguntas, unas típicas y otras no tanto. Respondí sin mayor problema. Eché de menos un par de palabras en inglés, pero tuve suerte y encontré rápido la manera de decirlo de otro modo.
Cuando ya estaba exhausto, el alemán me dijo que continuaba con la chica... ¡y se presentó en español! ¡era española! Me preguntó un par de cosillas en español. Qué gozada, qué relajación... pero cuando me confié, volvió a preguntar el otro.
En unos 10-15 minutos terminó el tema. Esperé a que el español hiciese su entrevista, y nos volvimos juntos al centro de Frankfurt. Me enseñó dónde había un Lidl, por si acaso me cogían.
Nos deseamos suerte y nos despedimos, porque yo había reservado una plaza en un tour por la ciudad, en autobús.
Me tiré 2 horas y media de visita en autobús. Me dio tiempo de hacer amistad con un indio y quedamos para la noche, para dar una vuelta (risas en el público del blog). La verdad es que la idea fue suya :)
Por la noche nos recorrimos medio Frankfurt, y por el camino íbamos flipando mutuamente con las diferencias entre la India y España/Europa. Yo me lo aprendía todo para contárselo a Pablo, porque se va a la India una semanita. ¡Pablo! ¡Escribe un comentario y explícalo que esta gente no lo sabía! (lo pongo en negrita porque es lo único que lee).
Le dije al indio si conocía los Simpson. Me dijo que no mucho. Le pregunté por Apu, pero no le sonaba... qué pena, tenía unas cuantas preguntas que hacerle. En el recorrido, pasamos por el barrio rojo, y había una calle entera de sex shops y locales X. Al tío se le iban los ojos sólo con los posters de fuera. Qué diferencia de culturas... :D
De camino al hotel, me metí en una de las mil kebaperías que había y me compré el tercer kebap de la semana.
Al día siguiente, cuando estaba en el metro yendo al aeropuerto, me llamó Sorina y me dio las good news: me habían cogido y tenía que empezar en 15 días, el 13 de octubre.
Iba a llamar a toda mi agenda telefónica, pero en la "A", sólo llegué a "Abuela", porque con ella ya gasté la batería que me quedaba. Fue la típica llamada "corta" de "bueno hijo, que no te quiero entretener, que te va a costar mucho, pero... ¿has comido bien? ¿te has abrigado? ¿llevas el dinero repartido por varios sitios?".
El viaje de vuelta empezó animado, ya que en los mostradores de facturación nos hicieron los billetes... ¡¡a mano!! porque no funcionaba el ordenador. Joder... Nos retrasamos 45 minutos. El vuelo duraba 2 horas y media.
En el avión, se presentó el capitán como suele hacer y dijo "la duración estimada será de 1 hora y media". Miré a la chica de al lado, y nos reímos. Joder, qué tío, se ha colado. Pero se presentó en inglés, y la duración estimada volvió a ser la misma.
Se ve que oyó el murmullo y explicó que "iba a intentar recuperar el tiempo perdido en el embarque" ¿Ein? ¿Intentar recuperar? Mira chavalote, o lo recuperas, o déjalo, que tampoco pasa nada, pero no lo intentes. Si no lo has probado nunca, no lo intentes...
Ni que decir tiene que los pasajeros estuvimos formalitos y acojonaditos todo el vuelo. Y llegamos en hora y media. Menos mal que el retraso fue de 45 minutos, si no el tío ese creo que supera la barrera del sonido con tal de llegar a tiempo. ¡¡Qué tendría que hacer tan importante!!
Al bajar del avión, encendí el móvil y esperé con ilusión los mensajes de la gente que me había llamado... mensajes que no llegaron :) Eso sí, me llamó Iñaki:
- ¿Sí?
- Eeeeeeeeeeeeeeeeee
- ¡Hombre Iñaki! ¿Qué cuentas?
- ¿A qué hora hemos quedao?
- Erm... pero... ¿sabes que estoy en Barajas?
- ........................................................................que estás..................... ¿¡y qué haces ahí!?
Desde luego... vaya amigos... :) (no te piques Iñaki, que luego ya me explicaste que no te lo había dicho).
Y hasta aquí el primer viaje a Frankfurt. Ya podéis secaros el sudor, y recordad que cada post que leáis convalida medio crédito de libre elección, así que merece la pena. Y por escribir comentarios ni te cuento...
Si el hecho de que aún no tengo la maleta preparada me lo permite, escribiré un post más antes de irme, y con eso estaré (y estaréis) al día.
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