El viernes empezó como otro cualquiera, con sueño, pero contento. Me hace gracia ver lo contentos que estamos siempre los viernes por Nintendo, con todo un fin de semana por delante.
Sin embargo, cuando llegué al metro, ya dejó de ser un viernes normal. En los paneles de información ponía el mensaje de “¡Atención! Permanezcan atentos al metro”. Es decir, algo pasa y no se sabe cuándo vendrá el próximo.
Empezaron a pasar los minutos… 5, 10, 15… se me estaba gastando el margen, y no hay cosa que me dé más rabia que llegar tarde por culpa de algo/alguien que no soy yo.
Por fin llegó un metro, eran casi las 8.30, así que me tocaba apretar el culo y prepararme para correr. El metro llegó como una lata de sardinas. Claro, cuando pasan 20 minutos sin trenes, la gente se acumula igualmente. Yo me metí en modo “sí o sí”, y no fui el único. La siguiente parada hacia el centro, Habsburgerallee, fue traumática. Prácticamente no entró nadie, así que entendí su angustia. Íbamos ya a lo japonés, sin poder mover ni las pestañas.
Por el camino nos dijeron la razón del retraso por megafonía. Yo entendí esto “…… .. …. ………… …. ……… ……. ....... ......”. La gente murmuró un rato, y luego en Nintendo me explicaron que dijeron “circunstancias humanas”, o sea, otro que hizo puenting sin cuerda en las vías.
Cogí el siguiente metro (el que va del centro, Hauptwache, a Nintendo) a las 8.35. Me encontré con Dani, cosa rara, porque él viene de otra línea. Se ve que el pavo que se tiró lo hizo en un cruce, porque afectó a 2 o 3 líneas. Pasaban los minutos rapidísimo. Las 8.37…. las 8.39… las 8.40… y la siguiente parada era la nuestra.
Yo estaba venga a mirar el reloj, y Dani me decía “tranquilo, no vamos a llegar, así que ya relájate”. Yo le insistía que iba a esprintar como un desgraciado si existía la más mínima oportunidad de llegar a tiempo.
A las 8.42, el metro paró en “Miquel Adickesallee / Polizei Präsidium”, y le dije “Dani, yo corro”. Subí esprintando las escaleras, y pronto me di cuenta de que probablemente acabaría la mañana agachado sobre la taza del WC, pero había que intentarlo. Corrí, corrí y corrí, como Forrest Gump en una trilogía. Dani se animó a correr, pero por detrás de mí. Entramos por el portal a las 8.45, justo cogimos un ascensor, subimos y fichamos a las 8.45. Uno que llegó justo después, entró a las 8.46. Nos pusimos los dos ahí a chocar y abrazarnos, diciendo “¡¡Toma!!” (lo juro). Parecía que habíamos ganado algo.
Ya le había dicho yo a Dani que en realidad las 8.45 con 59 segundos también vale, así que teníamos casi un minuto más de esperanza. Eso sí, pronto me empezaron a subir unos reflujos raros del estómago, y pensé que acabaría la mañana en el médico, pero se me pasó en una hora.
Más tranquilos, Dani me contó que él, de cuando hacía atletismo, tenía una “calculadora mental” y veía la distancia y el tiempo, y sabía a qué ritmo tenía que correr; por eso había empezado más lento pero habíamos llegado a la vez, y él sin estar al borde de la muerte.
Yo le contesté que también tengo una calculadora mental, y que cuando veo que voy a llegar tarde a un trabajo en el que sólo puedes llegar dos veces tarde, voy al máximo desde el principio y llego hasta donde me dé el cuerpo, pero al máximo. Es menos ortodoxo, pero lo seguiré haciendo. Y me imagino que vosotros también lo haríais. Además ahora ya sí que seguro que puedo ganar a Marcos corriendo.
Cuando los latidos bajaron de 3.000 por minuto, busqué a Pietro para ver si podía llamar de mi parte a Alice, para preguntar por mi paquete. En realidad, para darles la dirección de mi agencia de trabajo, y que me lo mandasen allí; pero Pietro no estaba, así que busqué a Basilio, y le comenté que con que me pasasen a una operadora en inglés, ya me apañaba yo, pero se empeñó en hablar él. La verdad es que se está portando conmigo.
Llamó, esperamos 5 minutos oyendo música de Enya, le cogieron, explicó el tema, y cuando le iban a pasar con el departamento apropiado, se cortó la llamada.
Comprobé el saldo del móvil: 8€. No problem. Y cobertura había, así que fue culpa de Alice (como todo).
Volvió a llamar, se repitió el proceso, y se volvió a cortar. Miré el saldo: 0,00€ Esta vez fue culpa del saldo, pero vamos, vaya robo de conferencia. No llegaron a 10 minutos, y se me fueron 8€.
Quedamos en llamar en el descanso para comer, desde un teléfono de Nintendo. Son teléfonos VoIP, o sea que no gastan. A la hora de comer, le esperé… y esperé… pero no vino. Apareció al final de la pausa, todo apurado, porque le había surgido algo y como no tenía mi teléfono, no me había podido avisar. Le dije que no pasaba nada, bastante se estaba preocupando por mí. Eso sí, mi tripa sonaba como un gato malherido.
Finalmente, quedamos a las 17.17, al terminar el trabajo.
Llegó la hora, y llamó… empezó a hablar, pero se cortó la comunicación por un lío con los botones del manos libres.
Relax. Be water my friend.
Volvió a llamar (4ª llamada del día), explicó el tema a un operador y éste le dijo que “no se le abría el programa para acceder a mis datos”. Y según me dijo Basilio, ya tenía intención de colgarle, pero consiguió que se apuntase la nueva dirección en un post-it, como para que lo pasase al ordenador cuando funcionase.
Espero que ese post-it no pierda sus propiedades adherentes, como suele pasar y acabe por los suelos de las oficinas centrales de Alice en El Triángulo de las Bermudas.
Así que muy en teoría, Alice ya tiene la nueva dirección y mandará el paquete allí, con lo cual debería posiblemente quizás ojalá ser entre algo probable y bastante probable que la semana que viene reciba el router.
Le agradecí el tiempo invertido a Basilio, hice unas compras, hablé en el ciber con mis padres y cené viendo la peli de xXx (de Vin Diesel). Da más miedo en alemán. Y cuando los rusos hablaban alemán, ya parecía el fin del mundo.
sábado, 6 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario