jueves, 4 de diciembre de 2008

Würzburg

El domingo a las 10 habíamos quedado en Hauptbanhof (estación de trenes, no confundir con Hauptwache) para coger los billetes y pasar el día en Würzburg.

Par las 10.20 estábamos todos: Javi, Pietro, Marzia, Davide, una japonesa, un alemán, Laura, Carol, Anabel y yo.

Si habéis sido superfieles al blog (cosa que daré por hecha), os faltan por conocer a 5 personas de ese grupo. Marzia es una chica de Nintendo (equipo italiano). La japonesa es la novia de un amigo de Davide; vive en Alemania, y habla italiano mejor que inglés. El alemán es un amigo de Pietro. Carol es una amiga de Laura, también de Nintendo, y Anabel es traductora en Nintendo.

Cogimos los billetes: dos billetes para cinco personas cada uno. Aquí se lleva mucho eso, el comprar un billete para 5, de 35€. Lógicamente, cuantas más personas vayan, sin pasar de cinco, mejor. A nosotros nos salió redondo, 7€ por persona, ida y vuelta hasta Würzburg. Un chollazo.

Cogimos el regional con puntualidad alemana y tiramos millas. Por el camino fui sentado con Davide y la japonesa, así que tocó sesión intensiva de italiano. Estuvimos hablando básicamente de Japón. De nuevo Davide me contó (porque le pregunté) que el japonés que sabe lo aprendió en un curso megaintensivo de 6 meses allí. Cada vez me gusta más la idea… ya tengo los detalles, por si acaso.

También me estuvieron contando lo difícil que es para un extranjero trabajar allí. Básicamente, si quieres trabajar en Japón, tienes que ir ya con un contrato (tipo EEUU). Lo difícil es que una empresa te contrate, porque para ello tiene que explicar y justificar por qué cierto trabajo sólo lo puedes hacer tú, y no un japonés.

Una política muy protectora de la juventud del país. Todo lo contrario que en España, donde si eres rumano o ilegal, no tienes ningún problema para trabajar, por ejemplo, de autobusero. Allá cada cual.

Por estas razones, me dijeron que los italianos suelen acabar trabajando en pizzerías, y los españoles en locales de flamenco. Potenciando los estereotipos. La verdad es que no me imaginaba la situación así. También debe de haber algo de mafias por lo que me comentaron, pero claro, es Japón, no Camboya, por lo que sigue siendo difícil.

Para terminar con el tema, la japonesa me explicó que si ellos entran en Europa, les pasa parecido, pero pueden entrar con un visado de turismo (3 meses) y luego quedarse por ahí, trabajando en algún sitio sin contrato, sin demasiado problema; pero al revés no. Si vas a Japón como turista y luego te quedas, te buscan, te acosan, te deportan… ¡y ya no puedes volver nunca más al país! ¡Flipa! Tiene que ser alucinante que te echen de un país “para siempre”.

Y todo este rollo, mientras íbamos a Würzburg. Cuando nos quedaba una media hora para llegar, un alemán explicó por la megafonía que otro alemán (evidentemente) se había tirado a las vías, y el tren no podía pasar.

Nos tuvimos que cambiar de tren, con la consiguiente pérdida de tiempo. Al menos, aprovechamos para hacer un poco de humor negro, que los italianos entienden y comparten, tipo “se podía haber tirado un poco más tarde” o “y mira que hay carteles en todas las estaciones de cuidado con las vías”.

Por fin llegamos a la ciudad. Comimos en un restaurante de 24€ el menú, pero vive Dios que no dejé ni una miga. Comí un plato de pasta, otro de patatas y dos filetes dignos de Homer.

Después, a la hora de la siesta, comenzamos el turismo. La verdad es que es una ciudad preciosa. Tiene varias iglesias, una catedral… y el casco antiguo es muy pintoresco. Ya os enseñaré las fotos. Si alguno venís una semana (jajaja), iremos allí un día.

Subimos a un castillo, que sin duda es más bonito desde abajo, pero al menos las vistas eran impresionantes.

Y para terminar, pasamos por el mercado de Navidad. Todas las ciudades tienen uno.
Me han dicho que en Madrid también ponen algo parecido. Yo desde luego no había visto ninguno en mi vida, y es muy curioso.

Son un montón de casetas, que venden comida, adornos, recuerdos… todo relacionado con la Navidad, mientras suena música navideña y se respira olor a Glühwein, el vino caliente especiado típico de la Navidad.

Otra de las tradiciones es que cada caseta da el Glühwein en una taza particular, así que hay gente que se dedica a coleccionarlas. Yo me quedé con una de Würzburg.

El vino en sí… ni está malo ni está bueno. Está mejor de lo que suena, y peor de lo que podría ser :) Eso sí, el que esté calentito, aunque parezca una burrada, es lo que más apetece con el frío que hace. Ya lo probaréis en las Navidades 2009 :)

Poco después comenzamos la vuelta, ya que con el billete que teníamos no podíamos coger cualquier tren; sólo los “lentos”. A las 10 llegamos a Frankfurt, cenamos en un McDonald´s, y cada mochuelo a su olivo.

Fue mi primera excursión oficial en Alemania, y no pudo ir mejor.

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