Estos días no estamos acordando mucho Dani y yo de Enjuto Mojamuto. Él necesita internet para mirar sus correos, hablar con su novia, amigos, family y demás, y yo también. Así que de vez en cuando, en algún descanso, uno de los dos salta “necesito interneeeeeeeeeeeerrrt” (acento Muchachada de la meseta). Nos echamos unas risas. Por cierto, ¿hay nueva temporada de Muchachada? ¿La están echando en la tele? Si es así, tendré que bajármela en Navidad como sea. Tener aquí un capítulo nuevo de Muchachada Nui cotizaría más alto que el kilo de oro con caviar.
También nos reímos bastante (y esto, no sólo los españoles) con los flex-time. Recordáis que son los “permisos” que cogemos si tenemos que hacer un recado, ir al médico, al banco, o simplemente porque sí. Pues ahora está de moda el decir “hoy no está Pablo porque ayer vino su novia, así que se ha cogido un sex-time” :) Qué cachondeo con los sex-times.
En fin, después de estos dos grandes párrafos, que resumen todo lo “contable” que pasó en Nintendo ayer martes, prosigo.
Según salí de Nintendo, fui corriendo (se entiende que a través de metros) al banco, para comentarle el tema del PIN de mi tarjeta. Llegué 10 minutos antes de que cerrasen… y el que habla inglés no estaba. ¡¡Por Dios!! ¡¿Es que nunca voy a acabar con el tema del banco?! ¡Que llevo más de un mes en Alemania! Me comentaron que el miércoles estaría, así que después de que me [cruzo dedos] instalasen internet [descruzo dedos] volvería al Commerzbank a probar suerte.
En casa tenía que probar un gran tema: el timbre. Quedaba un día para que viniesen los de interneeeeeert, y no sabía cómo iban a poder llamarme desde el portal. Así que hice una prueba con mis padres al teléfono: bajé al portal, y llamé al timbre que estaba más arriba. Subí a casa… y mis padres no habían oído nada. No era ese.
Mal asunto, porque los de debajo estaban ocupados (con nombres)… Así que cogí un papel, puse “Herrn Eduardo Domínguez” y mi teléfono alemán y bajé a pegarlo en el portal. Ya sólo quedaba tener fe en que los técnicos llevasen un móvil y se les ocurriese llamarme cuando estuviesen abajo.
Lleno de incertidumbre, me fui a hacer la compra para pensar en otra cosa. Desde que estoy en Frankfurt ha llovido poquísimo. Quizás sólo tres días, y poco rato. Pero desde que tengo el derrame y voy con gafas, esto parece que tengo un monzón atado a la cabeza que me va siguiendo. Llueve todo el rato, y el limpiaparabrisas de las gafas no funciona.
En mi querido Tengelmann reciclé. Ya parezco alemán, ni me estreso ni es un gran evento. Simplemente llego con mi bolsón de botellas y empiezo a ponerlas, y me gano mi descuento. La sensación es que siempre que compro, tengo descuento. Me olvido adrede de que había pagado de más en su día. Nada, para mí, es un descuento por cliente fiel.
Lo que pude comprobar, por fin, es un nuevo elemento de las máquinas de reciclaje. No os lo conté en su día, aunque había oído hablar de él, porque prefería esperar a verlo con mis propios ojos. Resulta que si metes una botella, y no consigue leer el código, salen dos rodillos y empiezan a girarla hasta que se lee. Es bastante curioso. Cuando me pasa eso, me parece que estoy delante de un vending de Star Wars en vez de en una máquina de reciclaje. De momento, paso de hacerle la foto. Seguiré conociendo el entorno hostil hasta que sepa desde dónde la puedo hacer sin liarla. Fijo que cuando lo intente me ve uno de seguridad (que por otra parte, son chicos de nuestra edad) y le tengo que explicar en alemán que sólo quería hacer una foto.
Me volví a mi casa con una especie de batido de fresa (espero que lo sea), 4 botellas del zumo de manzana con burbujas (Apfel-Schorle), otras necesidades básicas, y un paquete de la sección de congelados que se llama “Kroketten”. En teoría sí, serán croquetas. Pronto lo descubriremos.
viernes, 21 de noviembre de 2008
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